Pintas de blanco los cabellos,  y de arrugas los cuerpos,

pero hay sabiduría en tus años, la producida por alegría, tristeza o por los daños.

Por los momentos más felices , o por aquellos que han dejado cicatrices,

por el dolor acumulado o los errores cometidos, por haber hecho hermano al enemigo

o por haber perdido al mejor amigo.

 

Sabiduría que brota en tus palabras, en forma de consejos o regaños,

advertencias que deben ser tomadas en cuenta y no a la ligera.

Por eso abuelita y abuelito, (si, me refiero a ustedes, los que leen este poema

que he escrito inspirado en su vida) no te preocupes si te vas quedando sin dientes,

sigues siento el valiente que siempre admiraré;

 

No te preocupes, no estas solito, tienes muchos nietos, aunque no conozcas sus nombres,

son todos aquellos que esperan que de allá arriba les permitan llegar a esa bendita Tercera edad.

Henry Ricardo

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